EXTático

El esquema de la crisis en Ortega

Guardado en: Filosofía, Concepto — Gilberto Salas Marzo 15, 2009 @ 9:57 am

La palabra crisis deriva del griego krisis, que significa decisión o juicio. Así, palabras como crítica o criterio que derivan de ella, mantienen el significado semántico de juzgar o decidir lo que es correcto. El significado de ser una mutación o un cambio para una mejora o empeoramiento de las cosas, se le otorga en el año 1705, donde además pasa a ser un momento decisivo en un asunto de importancia. En la actualidad, la palabra crisis parece que es sinónimo de debacle.

De la crisis se ha hablado constantemente a través de los tiempos. Ortega se refería a ella en pleno 1942 en El esquema de la crisis, año de verdadera crisis en el sentido del cambio. Ortega explicaba que la crisis tenía dos componentes, por ser un tránsito. Este tránsito en primer lugar, era el abandono de una teta, una ubre, que era la de una concepción del mundo donde el hombre se sustentaba y apoyaba, para pasar a una segunda teta, una nueva concepción e interpretación del mundo, de la cual había que prenderse de nuevo. Todo ello dentro de un estado de confusión propio de la crisis.

Ortega explicaba lo que significaba el esquema de la crisis en referencia a este traspaso de la interpretación del mundo. Cada yo mismo contiene su propia concepción del mundo, la cual se alcanza como una cultura, que son las diferentes soluciones para sus problemas y necesidades vitales. Es lo que nos han enseñado en cada generación. Ahora bien, el problema, dice Ortega, es que estas soluciones creadas en un momento puntual para una serie de soluciones e introducidas o compartidas con un yo mismo, es un estar-ahí, es decir, el yo toma para sí estos componentes para unas soluciones, pero son inmóviles. En el tránsito que es la vida, muchas de esas soluciones, siendo obsoletas para sí mismo, no existe un esfuerzo del yo para el cambio. Se continúa con las mismas soluciones, ya que son parte de la interpretación personal del mundo, la teta para proveer la capacidad de vivir. Dice Ortega que el que recibe una idea o un concepto, tiende a ahorrarse la fatiga de repensarla para sí, apareciendo un inmovilismo dentro de su concepción del mundo. Al no ser repensado por sí mismo, se convierte en la cultura socializada del otro, la cultura impersonal de la gente, sin el prisma del yo soy yo mismo y mis circunstancias. El yo mismo de las circunstancias se susbsume casi por completo en el yo colectivo, impersonal, “que no sabe por qué piensa lo que piensa ni quiere lo que quiere“.

Desde este punto de vista, Ortega recupera el sentido original de la palabra en beneficio del yo mismo. Si la palabra crisis es decisión o juicio en relación a un yo, lo que hace falta es más crisis, más criterio, más juicio y capacidad de juzgar por uno mismo, para apartarse de ese yo colectivo, socializado, que impide elaborar criterios personales. El esquema de la crisis sería la transformación de las ideas que se vuelcan en el mundo en el tránsito personal interno de la exterioridad, que en Ortega son las circunstancias.

No dejo de ser crítico con el posestructuralismo francés, que pretende una ontología de colectivización del yo con su axioma del yo es otro. Ese yo colectivo y socializado como explicación gnoseológica es interesante, ya que refiere a una ontología de presión exterior para la formación de conceptos plegados en una interioridad, pero no para la formación del yo mismo. Ese yo mismo explicado o desarrollado con atención absoluta hacia un afuera es, decía Ortega, como los monos del Retiro, que siempre están alertas, hacia lo exterior, sin ningún grado de ensimismamiento. El yo mismo necesita mirar a su interior, implicarse para poder explicarse, un grado de ensimismamiento para darse cuenta de su yo mismo, I realize myself, como dirían los ingleses. A esta idea tan pragmática de los ingleses le dedicaré un post especial.

Por último, ese grado de ensimismamiento, esas soluciones para una cultura del yo de las circunstancias proviene del órgano del escorzo. Es como una esfera que abarca la intuición, la imaginación, el entendimiento, la percepción, la inteligencia y todas las facultades del yo mí mismo, para enfocar la acción intelectual de la realidad de las cosas con su superficie. Este “escorcear” como un nuevo verbo en infinitivo, es un cultivar constante el enfoque, ya que por el mero hecho de que se consiga no se enfoca a la perfección, es decir, de una manera completa. Es el tránsito a través del tiempo, una de las dimensiones del escorzo, lo que permite renovar, revisar esa realidad de las cosas con que la cultura del yo mismo cultiva, escorcea, su interacción con esa superficie-profundidad de la realidad vital. En suma, la crisis es el escorcear del yo mismo en mis circunstancias a través del tiempo, ¿qué tiempo?, por supuesto, el tiempo EXTático.

Un saludo desde la Hora Española.

1 comentario »

  1. […] cierte estructura coherente en la visión del mundo individual, dice Ortega que es necesario el ensimismamiento del yo mismo para deslindarse de una concepción del mundo colectiva socializada, rígida y excesivamente […]

    Pingback por EXTático » La concepción del mundo es el tiempo. El conceptor — Enero 31, 2010 @ 10:56 am

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