La teoría del vínculo afectivo y el yo propio
Uno de los problemas que adolece mi idea del yo propio como tiempo es saber qué ocurre hasta la llamada explosión metafísica, donde el yo se da cuenta de ser sí mismo. Cuando un individuo es consciente de que es un yo es porque ya tiene un pasado a considerar, una memoria. Más difícil es que se dé cuenta que ese yo como memoria y pasado es tiempo y eso pocas veces ocurre. Sí en cambio el yo al tener una proyección de futuro o una actividad que implique un concepto de fin se puede comprender las acciones como tiempo pertenecen al yo. Con eso, y de un modo indirecto, el yo hace tiempo, tiempea como he dicho alguna vez, parafraseando a Heidegger. El asunto entonces, es ¿qué ocurre en el yo que no tiene memoria? En realidad es el pre-yo donde se fragua esa memoria de ser pasado, el yo era. La pregunta entonces es qué es el pre-yo y de dónde surge.
El pre-yo es el instinto o impulso como tendencia, una tendencia similar a la que plantea Fichte en su teoría del Yo como actividad absoluta. Ese pre-yo es muy claro en los neonatos y se manifiesta de un modo experimental en la teoría del apego de Bolwby. No hay ningún salto en la explicación que enlaza la actividad del Yo como tendencia con el vínculo afectivo, ya que estamos hablando de un Yo inmanente, donde todo está contenido y es correspondiente. Eso significa que en la exposición de una teoría los significados son sinónimos dentro de la univocidad de la inmanencia. Todo es lo mismo y diferentE a la vez, de ahí la individualidad del yo que se fundamenta en el Yo.
El vínculo afectivo surge de la teoría de Bolwby sobre el apego. El vínculo afectivo es una tendencia instintiva filogenética adaptativa, que surge en el individuo hacia las figuras objetales, que son las más próximas al individuo desde el nacimiento. Bolwby observó que los bebés reaccionaban ansiosamente cuando estos eran separados de sus madres, con diferentes estadios. Al principio era una desesperación que se manifestaba en una rabia excesiva. El estadio posterior era de desánimo con un dolor que se manifestaba en la tristeza. Cuando por fin se elaboraba esta afección el bebé volvía a la normalidad, no sin antes observar un miedo al abandono por repetición de esa separación afectiva. La famosa triada de Bolwby con respecto a la separación afectiva de los objetos parentales o de la madre eran la rabia, la tristeza, que se podía tornar en desesperanza o esperanza dependiendo del tiempo, y la reorganización para establecer nuevos patrones de acción.
Lo interesante de la teoría de Bolwby es que este vínculo afectivo enseña experimentalmente, que todo individuo o pre-yo tiende hacia un yo de un modo natural y genético. Todos los individuos humanos manifiestan este comportamiento impulsivo e instintivo de un pre-ýo hacia otro yo concreto. Fichte establecía en su doctrina de
Esta tendencia del vínculo afectivo es la expresión de la necesidad que tiene el individuo para determinarse en la limitación. Y la tendencia a huir de lo indeterminado es el tiempo con la idea de cambio de los recíprocos, cuyo avance o movimiento entre la determinación u lo indeterminado es el tiempo de Anaximandro. Dice que existe un principio universal de que todo tiende a lo indeterminado, que mientras ocurre es el tiempo su expresión, pero el tiempo entendido sin el yo, como una sucesión de correspondencias. Eso es a lo que tiende el pre-yo pero es su determinación que limita el objeto, es decir, los padres, comienza a autointuirse para que se determine mayormente el pre-yo en el yo que es tiempo.
Fichte habla de una triada ontológica donde la actividad del yo absoluto es la realidad, el ser es el objeto externo conceptualizado por el sujeto y el existir es el conceptualizar. Esa triada se puede extrapolar a la noción de Bowlby, donde el vínculo afectivo es la realidad fundamental inmanente de un pre-yo compartido que se autodeterminará en el yo. El ser es el objeto, pero en una teoría que se relaciona con el vínculo afectivo sería el objeto parental, los padres o figuras de apego. Todos los padres del mundo son el ser afectivo, que en correspondencia es un vínculo entre como padres e hijos en reciprocidad El existir como conceptualizar es la relación que proporciona la vinculación afectiva en el desarrollo del yo autodeterminado y potente en la construcción de conceptos. Estos principios ontológicos son la base segura para comprender la realidad del pre-yo, el ser afectivo correlativo y el autodeterminarse del yo autopotente.









